Dolor agudo, recomendaciones para su adecuado manejo y tratamiento

Existen muchas formas de clasificar el dolor, la principal es en función de su duración.  Cuando el dolor dura menos de seis meses y desaparece por completo tras la causa que le dio origen se denomina dolor agudo.  El correcto tratamiento de este dolor es la mejor forma de evitar que el dolor permanezca pasando a ser un dolor crónico, por esta razón es importante seguir las recomendaciones para su adecuado manejo y tratamiento.

El dolor es un síntoma muy complejo, por lo que es necesario fragmentarlo en diversos tipos para estudiarlo mejor.

Una de las principales formas de clasificarlo es según su duración, surgiendo así los conceptos de dolor agudo y dolor crónico.  Esta clasificación no se limita solo a dividir al dolor según su persistencia en el tiempo, contribuye además a dividir el dolor como síntoma del dolor como enfermedad.

 

Diferencias entre dolor agudo y dolor crónico

 

La clasificación en agudo y crónico permite establecer una clara delimitación del dolor de acuerdo con su duración.  El límite se encuentra establecido en un período de seis meses.  De esta manera el dolor agudo es aquel que tiene una duración menos de seis meses, mientras que el dolor crónico es el que tiene una duración por encima de este lapso de tiempo.  El dolor crónico puede durar meses o años.

Veamos más claramente como ocurre esto. Una vez que ocurre una lesión y aparece el dolor es posible que pasen dos cosas:

  1. Que el dolor se inicie con gran intensidad y tienda a ir disminuyendo su magnitud gradualmente en la medida que se produce la resolución de la causa que le dio origen.
  2. Que el dolor tras su aparición no muestre alivio sino más bien cambia el patrón y tienda a persistir aunque se haya resuelto la lesión.

El dolor agudo es un importante mecanismo protector

 

Nuestro cuerpo cuenta con una gran cantidad de mecanismos que permiten obtener información del entorno, así como del interior del organismo.  Esta es llevada al cerebro para ser procesada y convertida en las imágenes que ven nuestros ojos, lo que oímos, los sabores que degustamos, los olores que percibimos, las sensaciones que sentimos e incluso el dolor que experimentamos.

Los diversos tejidos del cuerpo tienen estructuras capaces de percibir estímulos nocivos y convertirlos en una señal que llega al cerebro en donde es interpretada como dolor.  Esta señal también puede activar respuestas reflejas a nivel de la medula espinal que hacen que ocurran movimientos inconscientes de retirada.

Este reflejo, más la sensación consciente de dolor, son un importante mecanismo protector.  Nuestro cuerpo busca con esto retirarse o detener lo que se está haciendo para evitar que la lesión continúe y se produzca un daño mayor.

 

Tratamiento del dolor agudo

El dolor agudo es un síntoma que forma parte de las manifestaciones de una determinada enfermedad.  Por esta razón su tratamiento se encuentra estrechamente ligado a su origen.  Tratar la lesión conlleva a que se alivie el dolor.

 

Tratamiento del dolor somático

El dolor somático se origina en los tejidos superficiales, músculos y articulaciones.  Este dolor por lo general es debido a lesiones como heridas, quemaduras, infecciones, traumatismos, caídas, esguinces, luxaciones, fracturas, desgarros musculares, tendinitis, bursitis o contracturas.

Este tipo de dolor se alivia con los medicamentos del tipo analgésicos, anti inflamatorios y relajantes musculares principalmente. Estos medicamentos incluyen al paracetamol, diclofenac, ibuprofeno, ketoprofeno, naproxeno, entre muchos otros.  Otras medidas como el reposo, inmovilización, aplicación de frío e incluso el masaje son de ayuda para complementar los medicamentos. Las lesiones graves pudieran ameritar tratamientos más complejos como la cirugía.

 

Tratamiento del dolor visceral

Este dolor se origina en los órganos internos.  El estímulo doloroso se activa por procesos como la distención de las vísceras huecas, el estiramiento de las membranas que los recubren o la falta de aporte de oxígeno. El dolor visceral tiene algunas características particulares como el hecho de ser difuso y difícil de localizar, además de ser percibido como un cólico o una presión.

Las causas más comunes de dolor visceral son los trastornos como gastritis, inflamación del colon, litiasis vesicular (conocida comúnmente como “piedras en la vesícula”), cólico nefrítico y dolor menstrual.

El tratamiento de este dolor incluye otro tipo de intervenciones. Los analgésicos y anti inflamatorios ayudan pero deben ser combinados con medicamentos que relajen los músculos lisos llamados antiespasmódicos, como la hioscina (componente de la Buscapina®).  También pueden incluirse medicamentos para las náuseas, llamados antieméticos, como la metoclopramida (componente del Irtopan® y el Primperan®), o los bloqueadores de la secreción gástrica como el omeprazol.

El dolor visceral puede ser debido a situaciones como falta de oxígeno de los tejidos (infartos) o infecciones, en estos casos el tratamiento incluirá otro tipo de intervenciones.

 

Tratamiento del dolor postoperatorio

Otro tipo de dolor agudo es el dolor postoperatorio.  Este tipo de dolor suele ser muy intenso ya que implica daños mayores a los tejidos, por suerte la tendencia es hacer cada día un mayor número de cirugías mínimamente invasivas como las artroscopias y laparoscopias lo que disminuye el daño a los tejidos, en especial a la piel y los músculos que revisten las estructuras en las que se va a llevar a cabo la cirugía como tal.

El dolor postoperatorio es muy intenso por lo que su tratamiento comienza en el mismo quirófano con la administración de medicamentos como los opioides, conocidos por su gran potencia como analgésicos. Este tipo de dolor puede tener componentes tanto somáticos como viscerales.  El tratamiento específico dependerá del acto quirúrgico llevado a cabo.

 

Tratar adecuadamente el dolor agudo es la mejor forma de prevenir la aparición del dolor crónico

 

Existen muchas razones por las que un dolor agudo persiste y pasa a ser crónico.  Una de ellas es por su mal manejo.

Al ocurrir el daño a los tejidos, se liberan sustancias que activan tanto al sistema inmune como al sistema nervioso.  Este último es capaz de sufrir cambios que pueden favorecer que el dolor “se quede”. Por esta razón es importante controlar efectivamente el dolor y limitar la inflamación, sin eliminarla por completo, ya que ésta es un importante mecanismo que favorece que se reparen los tejidos dañados.

Unos de los dolores agudos que con mayor frecuencia tiende a volverse crónico es el dolor lumbar, también conocido como lumbago.

 

5 Recomendaciones para eliminar por completo el dolor agudo

 

Tras una lesión, es importante poner en práctica algunos consejos para evitar que la convalecencia se prolongue por más tiempo del necesario dando así oportunidad a que el dolor se vuelva crónico.  En tal sentido te dejo estas cinco recomendaciones:

 

  1. Nunca se debe eliminar un dolor hasta no identificar la causa que lo produce. Muchas veces frente a un dolor que no pareciera ser algo de gravedad las personas tienden a automedicarse.  Esta es una conducta nada recomendable ya que para lograr el alivio completo del dolor es necesario saber cuál es su origen.  La automedicación puede hacer que se logre alivio temporal sin embargo la lesión puede persistir o agravarse.
  2. Cumplir a pie juntillas el tratamiento. Algo que suelo escuchar con frecuencia en consulta es frases como “no me tome el medicamento porque no me quiero acostumbrar a él”, “una vecina, amiga, familiar -o cualquier otro ser seguramente bien intencionado- me dijo que ese medicamento era muy fuerte”, o una clásica “me leí el prospecto y me dio miedo tomarlo”.  Si usted tiene dudas sobre la medicación hable con su médico, él sabe lo que hace, pero nunca suspenda un tratamiento por razones como estas.
  3. Si algo produce más dolor, ¡No lo haga!. Recuerde que el dolor es la forma en que su cerebro le dice: oye ten cuidado, te vas a lesionar, no lo hagas. Trate de hacerle más caso cuando le vuelva a enviar este mensaje y deje de hacer aquello que le produzca dolor.
  4. No aguante dolor. Algunas personas piensan que ante un dolor hay que tener coraje y aguantar.  Tener una actitud de enfrentar el problema es bueno, pero úsela más bien para enfocarse en el tratamiento y no contra él. Mientras, más tiempo se tarde en tomar medidas para aliviar el dolor, más difícil será controlarlo.  Esto es muy bien sabido por las personas que padecen migraña, un dolor en donde tomarse el medicamento al inicio de los síntomas es la mejor estrategia para controlarlo.
  5. Cumpla el periodo de reposo. El cuerpo toma su tiempo para reparar los tejidos.  En este tiempo es necesario reposar y descansar, de esa manera la energía y los nutrientes se derivan a este proceso.  Igualmente se evita ocasionar nuevas lesiones producto de esfuerzos, movimientos e incluso nuevos traumatismos.
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