Vivir con dolor

Millones de personas en el mundo tienen algún tipo de dolor.  Es una molestia que cada quien percibe de una forma distinta aunque sus consciencias son siempre las mismas: tristeza, desaliento y frustración.  A pesar de que muchas personas crean que deben aprender a vivir con dolor, esto no es del todo cierto.  Cambiar la forma en que se percibe este molesto síntoma puede hacer una gran diferencia.

El dolor es algo que probablemente usted no sepa definir pero con seguridad si sabe cómo se “siente”. Tener dolor es algo que para muchos ocurre de forma accidental, episódica o circunstancial.  Para otros va más allá de eso, se trata de un molesto compañero, demasiado constante y tenaz del que no resulta fácil deshacerse llevándolos a acostumbrarse a vivir con dolor.

 

Médico y paciente dos visiones distintas del mismo problema

Algo interesante a la hora de trabajar con personas afectadas por dolor crónico, ese que se queda y persiste por meses o incluso años, es que en ocasiones médico y paciente no van por el mismo camino ni tienen los mismos objetivos.

El médico piensa en las consecuencias para la salud tanto del dolor en si como de la medicación que está prescribiendo para tratarlo, en el plan de tratamiento y en las otras medidas que debe incorporar como la dieta, el ejercicio y la rehabilitación.

Los objetivos del paciente van transformándose con el paso del tiempo, al principio es librarse del dolor, luego aliviarse, por ultimo poder saber quién se hará cargo de él, como afrontara los problemas de salud en adelante sin llegar a ser una carga para los hijos, los padres, la pareja o el núcleo familiar cercano.

 

Un dolor, dos opciones

Tener dolor lleva a enfrentarse a una situación en donde prevalece la incertidumbre.  Muchos pacientes son capaces de tolerarlo e incluso puede decirse que hacen las paces con su dolor y conviven con él.  Aprenden a sobrellevar los días malos y a disfrutar los días buenos, ya que por suerte el dolor crónico muchas veces es fluctuante y pareciera que de vez en cuando se toma un descanso.

Otros pacientes se desmoronan.  No logran aprender a llevar su dolor y por lo tanto este le resulta más molesto, más pesado y más insoportable. Se trata de personas que caen en situaciones de ansiedad y depresión, que los sumen en una profunda desesperanza que hace más difícil poder ayudarlos.

La mejor forma de afrontar este problema es la primera. Es necesario comprender que el dolor es una enfermedad independiente de aquella que le dio origen.  Un ejemplo de esto ocurre en las personas que han sufrido una caída y a consecuencia de ésta lesión aparece un dolor en la espalda, con el tratamiento las lesiones desaparecen pero el dolor se queda sin una razón aparente.  Esto es lo que se conoce como dolor crónico y es debido a problemas en las vías que trasmiten la señal dolorosa al cerebro.

 

Cada quien tiene una forma particular de vivir con dolor

La forma en que cada persona “vive su dolor” es única y depende de un compendio de factores que van desde la estructura de personalidad, entorno laboral y familiar, situación socioeconómica, satisfacción personal, autoestima, entre muchos otros.

En manos del equipo de salud se encuentra identificar el momento oportuno para brindar apoyo psicológico y emocional, que si bien no sustituye a los fármacos y terapias, muchas veces los ayudan a ser más efectivos.

A fin de cuentas lo importante es ayudar a que la persona con dolor pueda vivir de la mejor manera posible, enseñarles que aunque el dolor no desparezca es posible que no sea percibido como algo tan molesto y que puede tenerse una buena calidad de vida a pesar de tener una condición incurable.  Esto no es lo mismo, ni remotamente se parece, a la condena que reciben por parte de colegas médicos que los han visto previamente de que “deben acostumbrarse a vivir con dolor”, dictamen que se relatan con tristeza y angustia en la consulta.

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